En Bolivia no es común escribir biografías

por Homero Carvalho Oliva
En Bolivia no es común escribir biografías, un subgénero de la historia que cuenta la vida de una persona en particular. En este caso se trata de la biografía autorizada de un militar que egresó del colegio militar en 1955,  a través de su vida también relato los acontecimientos políticos, golpes militares y la recuperación de la democracia, de los últimos 50 años. Al contar su historia he contado una buena parte de la historia de nuestro país; porque la historia la protagonizan los individuos, hombres y mujeres, y en su decurso se vuelven plurales, se vuelven pueblos. Por estas razones esta biografía va mucho más allá de su finalidad inmediata de reseñar la vida de un hombre que asumió su responsabilidad como ser humano, como militar y como patriota.


Recuerdo que cuando Rosa María Añez me llamó por teléfono para invitarme a escribir la biografía de su padre, el general retirado Lucio Añez Ribera, sin pensarlo dos veces, le respondí que aceptaba gustoso, porque sabía de la talla y el prestigio del hombre del que, ahora, después de varias horas de entrevistas, cuento su historia. Una historia en la que, además, de los logros de una vida plena de realizaciones personales, se destaca el protagonismo que tuvo como el oficial que derrocó al dictador Luis García Meza. en la década de los ochenta fue el dictador que encarnó la más estúpida fuerza bruta y el mayor desprecio por la vida y la dignidad de los seres humanos y las instituciones.
Añez Ribera fue un militar que vivió, desde su egreso del Colegio Militar en 1953,  varias décadas al interior de unas Fuerzas Armadas que oscilaban entre el servicio a la patria o el servilismo a los intereses imperialistas acostumbrados a la corrupción que dañaba el corazón mismo de la institución. Años difíciles, porque en toda Latinoamérica había una corriente militarista apoyada por los Estados Unidos para oponerse a la creciente ola izquierdista que crecía intentando emular la revolución cubana.
Bolivia fue el epicentro de una de las más polémicas batallas de la Guerra Fría, cuando el Che Guevara hizo su aparición en nuestro territorio y su, posterior, asesinato lo convirtió en un mito. De ese acontecimiento hasta 1982, se sucedieron una serie de gobiernos de facto, desde militares nacionalistas como Alfredo Ovando, populistas como Juan José Torres hasta dictadores narcotraficantes como Luis García Meza, que llevaban en sí mismos el germen de su autodestrucción,  porque como escribe Frantz Fanon: “los generales de salón a fuerza de frecuentar las antecámaras del poder, sueñan con los pronunciamientos. El único medio de evitarlo es politizar al ejército, es decir, nacionalizarlo” y nacionalizar el ejército quiere decir formar a oficiales como Lucio Añez Ribera, que se ha ganado merecidamente su lugar en la historia boliviana, tal como se lo puede constatar en muchos artículos periodísticos, revistas, libros de historia y ensayos políticos.
Nunca debemos olvidar que la democracia, que hoy disfrutamos, fue el resultado del sacrificio de muchas personas, mujeres, dirigentes políticos, mineros, campesinos, estudiantes y pueblo en general. Uno de losgrandes protagonistas de la recuperación de la democracia, fue, sin duda alguna, Lucio Añez Ribera.
El historiador Isaac Sandoval Rodríguez escribe en el prólogo de la biografía: “Escribir el prólogo de una obra testimonial no es tarea fácil. Mucho más si ella entraña un proceso vivencial ocurrido en un tiempo y espacio determinado. Tal el caso del libro intitulado “Un militar al servicio de Bolivia”, referido al General Lucio Añez Ribera, con la pluma de Homero Carvalho Oliva, de reconocida perspicacia intelectual. Agregando en los anexos la hoja de vida del General Añez, sus escritos, ensayos, informes oficiales y documentos de suma importancia en la historia internacional de Bolivia y otros de índole cultural. El General Lucio Añez Ribera cumplió con todas las exigencias académicas y funcionales para llegar a los altos cargos en la jerarquía institucional de las Fuerzas Armadas, así como los requisitos para desempeñarse como agregado militar, diplomático y ministro de Estado. Su vida de hogar, sus convicciones religiosas y su don de ciudadano honesto, hablan con propiedad de su prestigio personal ganado a lo largo de su vida: primero como militar, luego en el quehacer de la sociedad civil donde cuenta con un sitial privilegiado”.