HISTORIAS NOVELADAS DE UN CORRESPONSAL


de Juan Javier Zeballos Gutiérrez


En momentos en que la sociedad cree estar sumergida en el debate sobre el futuro del periodismo, las exigencias del buen periodismo no pierden vigencia; y no las perderán. Una de la más contundente prueba es el testimonio de hechos históricos que el prestigioso periodista Juan Javier Zeballos nos obsequia en esta recopilación de crónicas periodísticas.
Cada una de las historias aquí publicadas guardan celosamente las exigencias objetivas de veracidad, rigor, precisión, credibilidad que sumadas al talento característico de Zeballos –considerado en Bolivia como uno de los más importantes maestros del periodismo– son un aporte a la fascinante historia que América Latina ha vivido en las décadas finales del siglo recientemente concluido.
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Estas crónicas constituyen un inventario amplio, aunque necesariamente provisional, de hechos históricos tales como el gigantesco operativo antidrogas denominado “Operativo Pez Gordo” que estaba destinado a buscar y capturar al mayor narcotraficante de Bolivia, el legendario Rey de la Coca: Roberto Suárez Gómez; que sin embargó acabó en un completo fracaso; podrá usted leer como durante una reunión de alto mando de las FFAA de Ecuador los militares decidieron el derrocamiento de Velasco Ibarra faltando sólo cinco meses para completar su mandato presidencial, y determinaron su apresamiento y destierro. Zeballos estuvo presente en esa histórica reunión militar. Con lujo de detalles y precisión periodística Juan Javier relata cómo dos jóvenes disfrazados de militares, ingresaron, a las nueve de la mañana del 29 de mayo de 1970 al edificio 1053 de la calle Montevideo, en Buenos Aires. Y le comunicaron a Pedro Eugenio Aramburu: “Venimos a buscar al general”. Le estaban comunicando su sentencia de muerte; Zeballos fue el primer periodista en conocer de primera mano la ejecución del general argentino.
La lealtad a los ciudadanos y el control de los poderes públicos siguen siendo principios irrenunciables del periodismo, pero la cotidianeidad es mucho más. Zeballos nos deja la herencia de que el buen periodismo no se apagará nunca.