CONVENCIDOS DE SU PROPIA CANTALETA


Convencido de su propia cantaleta de que el oriente boliviano es dominado por cuatro familias burguesas, el gobierno encarga la investigación de las familias de apellidos de origen español que existen en Santa Cruz, con la orden precisa de demostrar que son unos oscuros oligarcas desde sus más remotos orígenes. El comisionado encargado de coordinar la investigación se pasa catorce capítulos tratando de demostrar por la fuerza que los portadores de los apellidos investigados, y todos los que ostentan apellidos no indígenas, son unos malvados oligarcas desde siempre, hasta que el propio comisionado, agotado de tanta paranoia, en el capítulo final se desencanta de sus mandantes, se declara medio lunático (partidario de la Media Luna), y le termina diciendo unas cuantas verdades a sus jefes.

Moreno nos sorprende con una trama simple –el informe final de una investigación– en la que se entremezclan y vinculan eclécticamente personalidades famosas de los inicios de la era cristiana con personajes comunes, hijos de vecinos, de la era actual; se amalgaman la seriedad con el humor; se misturan la dura realidad con la, según él, menos dura ficción, y se entretejen el rigor histórico con el realismo mágico contemporáneo que nos ofrece una situación política alabada sólo por quienes no la conocen en realidad.
Moreno nos deja conocer el origen y devenir histórico de varios apellidos comunes en nuestro medio y nos relata, por ejemplo, cómo y porqué Cicerón, experto en Derecho Romano, elaboró su célebre discurso llamado Oratio Pro Murena, con el que salió victorioso de un juicio al primer Moreno del que se tiene noticia. Nos cuenta el cuento de una pareja despareja, que discute sobre la importancia del apellido Pareja, ella tratando de relativizarla, él empeñado en exaltarla. Nos habla de los títulos nobiliarios de la familia Suárez, de la pinta y talento de sus miembros, de su tradición gallera y de la curiosidad de que en sus escudos heráldicos no aparezcan gallos ni espolones. Nos resalta, por ejemplo, la estirpe ganadera de los Añez, sus correteos originales con el Cid Campeador y su notable presencia en el Cantar del Mío Cid.
Nos deleita también Moreno con sus juegos de palabras, con sus largos párrafos sin puntuación, sus frases desprovistas de vocales, los afanes de gente hablando “en pe” y, por último, con una colección de dichos populares entre los que se encuentra escondido uno que conviene escudriñar y descubrir, pues resuma el sentimiento general de la novela.
“Cuatro Familias” es un libro irreverente, desenfadado, para divertirse y reflexionar. Cómprelo, léalo, disfrútelo y descubra su frase oculta entre capitales y capítulos, entre inicios y finales, entre párrafos y parábolas.