Observaciones al texto "Mauricio Hochschild: El Schindler boliviano.

Por León E. Bieber 
   
Un comentario. Salvó a 9.000 judíos del nazismo"(1)

En el texto electrónico se afirma que Mauricio Hochschild (M.H.) habría pagado a los inmigrantes judíos que salieron de la Europa central a Bolivia "el transporte, los trámites migratorios y la estadía a los recién llegados". Es absolutamente necesario señalar y reafirmar, una vez más, como ya lo he hecho en un artículo publicado en Página Siete(2), que el señalado magnate minero no financió ni el transporte, como tampoco los trámites migratorios y mucho menos la estadía de aquéllos. Sin querer redundar en el asunto solamente lo siguiente. Los que organizaron y masivamente financiaron ese éxodo fueron: el JOINT (detalles sobre éste más adelante) y un comité de asistencia al inmigrante israelita, el HICEM, que jugó un papel fundamental en el costeo de los pasajes(3). Ambas instituciones también contribuyeron al financiamiento de los trámites migratorios; pero en este contexto jugaron un rol decisivo determinadas agencias de viaje y, sobre todo, representaciones diplomáticas bolivianas que por variados montos extendían visas dolosas; los cuales, probablemente con escasas excepciones, eran abonados por los propios inmigrantes.(4) En cuanto a los expendios por la estadía, éstos prácticamente en su integridad corrieron por cuenta del JOINT (por las siglas en inglés; en español Comité Americano para la Distribución Conjunta) fundado en 1914 con sede en Nueva York. En los años de la Segunda Guerra Mundial erogó casi 79 millones de dólares para apoyar a judíos fugitivos, sobre todo para que emprendiesen una nueva existencia en los países donde encontraron refugio. Fue exactamente este rol el que desempeñó respecto a los miles de judíos que llegaron a Bolivia entre 1938 y 1940. El 90% o más del respaldo financiero que recibieron provino de esta institución. No cabe duda que en los tres aspectos señalados M.H. sólo jugó un rol absolutamente secundario. El que él hubiese "traído entre 2.000 y 3.000 judíos", tal vez hasta 9.000, como figura en el correo electrónico mencionado no significa para nada que habría financiado su transporte, sus trámites migratorios o su estadía. Y en cuanto a la afirmación inmersa en el mismo párrafo citado, en el sentido que los inmigrantes judíos que arribaron a Bolivia (si bien no se indica, la referencia sólo puede aludir a aquellos que llegaron al país entre 1938-1940) "primero recalaron en una granja agrícola en la región cocalera de Yungas", ésta tampoco tiene nada que ver con la realidad. De aquellas entre 7000 y 8000 personas tan sólo alrededor de 300, y ello por un tiempo muy corto, migraron hacia allá, en tanto que casi todos se radicaron en centros urbanos, principalmente en La Paz y Cochabamba. En este contexto también cabe preguntar de dónde el citado Ricardo Udler sostiene que "por la década de 1940, la población de judíos se elevaba a unos 15.000". Basándome en entrevistas y vasto material bibliográfico he tratado de desentrañar una cifra al menos aproximadamente correcta, llegando a la conclusión que probablemente han sido entre 7.000 y 8.000 personas.(5)


APROXIMACIONES Y DESENCUENTROS

LAS RELACIONES ENTRE
BOLIVIA Y ALEMANIA  / 1880-1946

de León Bieber

Basado primordialmente en actas de archivos alemanes, el libro hace referencia a cuatro aspectos que signaron las relaciones germano-bolivianas en el período 1880-1946. El interés del Imperio Alemán por invertir capitales en la explotación de materias primas y en obras de infraestructura en Bolivia. El enorme ascendiente que aquél ganó en la esfera comercial de éste. La presencia de instructores alemanes en la república suramericana y, finalmente, las fases de aproximación, tensiones y rupturas entre ambas naciones.

HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE BOLIVIA

de Fernando Molina

El propósito de esta Historia contemporánea de Bolivia es divulgativo. Trata de los principales procesos sociopolíticos que se han producido en el país en los últimos 35 años, el tiempo de la democracia. No hace una lista cronológica de hechos y personajes, acompañada de explicaciones aisladas, como otros trabajos, sino que intenta concatenar las decisiones del pasado inmediato con las que se dieron posteriormente y, en conjunto, fueron configurando la Bolivia de hoy.
Este es el súmmum de una constante labor de observación del acontecer boliviano, realizada desde la atalaya del periodismo y el ensayismo en la que su autor se ha encaramado desde hace un cuarto de siglo. La esperanza es que esta historia sea leída, en especial, por los jóvenes, con el convencimiento de que solo al conocer su país estos podrán pasar del deseo de transformarlo a la realización efectiva de esta tarea.

¿Quién mató a Crevaux?

de Isabelle Combes

El 27 de abril de 1882 el explorador francés Jules Crevaux y su tripulación morían asesinados por los indígenas a orillas del río Pilcomayo, en el Chaco boliviano. El suceso causó una profunda conmoción en el mundo entero y la comunidad científica estuvo sacudida.
El asesinato ocurrió en un escenario local fronterizo, borroso y más que conflictivo, y quedó envuelto en el misterio y en una maraña de datos confusos, equívocos, erróneos, ambiguos, contradictorios. Ni el lugar exacto, ni las circunstancias del crimen, ni siquiera el número de víctimas y mucho menos el nombre de los asesinos se conocen con exactitud. Ni una sola información existe que no sea inmediatamente desmentida por otras. No sólo los testigos acaban siendo tachados de complicidad, sino que los mismos detectives amateurs también. Para defenderse, todos acaban disparando acusaciones contra todos.
Adentrarse en la investigación policial de la época, o pretender retomarla hoy, es entrar en el dominio de lo fantástico y de lo irreal, resbalar en terreno movedizo, quedar envuelto en una neblina donde la evidencia más sólida se derrite.

DOS SUIZOS EN LA SELVA

de Lorena Cordoba (ed.)

Dos suizos, dos libros, una única obsesión: la explotación del “oro negro” de la selva amazónica, en la época del auge cauchero en el Oriente de Bolivia. Con apenas unos meses de diferencia, Franz Ritz y Ernst Leutenegger trabajaron en la misma barraca gomera durante la primera década del siglo XX, y ambos publicaron luego sus recuerdos en su país natal. Son estos relatos que, traducidos por primera vez al español, nos propone descubrir aquí Lorena Córdoba. 
La mirada más entusiasta de Ritz y la visión más melancólica de Leutenegger evocan ambas tópicos de la fiebre cauchera en la selva boliviana: la dura vida en las barracas; la ley del más fuerte en un mundo donde el Estado está ausente; los enganches tramposos, las deudas hereditarias, la explotación de los indígenas. Sin embargo, como lo muestra prolíficamente la introducción de la editora, estos relatos también permiten ir más allá de los clichés, y matizar en gran parte las visiones en blanco y negro sobre esta época crucial para la economía boliviana, la paulatina incorporación del Oriente al país y el destino también de los pueblos indígenas amazónicos. Con su lectura, la Historia gana en humanidad, en matices enriquecedores, en profundidad y credibilidad.  Dra. Isabelle Combès Instituto Francés de Estudios Andinos / (CIHA)